Archivado en: Crisis, Economía, empleo, Estadística, Política | Etiquetas: España, Grecia, Tasa de desempleo, Unión Europea
Leo el artículo en la revista Expansión y de inmediato pienso: aún sin estar con la economía destrozada como en Grecia, los españoles la están pasando peor en la península ibérica.
Los problemas de Grecia son muy graves, pero considero que el problema del desempleo en España es peor. Según este índice en la Unión Europea la madre patria va a la cabeza, por lo que no entiendo que puede ser peor para un país que tener el 20% de sus fuerza laboral sin poder ganar el sustento diario. Bueno, si se que puede ser peor, que esa cifra crezca, pero me refiero en el punto de comparación contra Grecia.
Hoy España está en el hoyo, urge más a la unión europea sacar a la economía española de donde se encuentra que ayudar a Grecia a salir de su propia crisis.
Considero que Zapatero debe dejar de lado el orgullo y hacerse menos pendejo, o de preferencia dejar de serlo, no son los griegos quienes merecen un segundo de atención en su agenda, mucho menos su ayuda económica, son los propios españoles quienes claman ayuda, pero no es necesario que me crean a mi, mejor pregunten a uno de los más de 4 millones de desempleados en España y que ellos respondan donde debe estar centrado el interés por completo de su presidente, político que se regodea como todos los de su especie: siendo candil de la calle y oscuridad en su propia casa.
El gráfico que se observa acá abajo muestra por colores el índice de desempleo, los griegos están al nivel de los galos e ingleses, es España quien tiene el panorama más negro en toda Europa:
Archivado en: Comunicación, Cultura, Educación, Idiosincracia, Lectura, periodismo, Violencia | Etiquetas: Corridas de Toros, El País, escritor, Fiesta Brava, Mario Vargas Llosa, Piedra de Toque, Toros de Lidia
Anoche (ya de día en el viejo continente) me acosté pensando en el artículo de esta quincena del maestro Mario Vargas Llosa en el afamado diario El País.
Toda la sapiencia del gran escritor volcada a defender lo que yo considero indefendible: La fiesta brava, bajo el título de su escrito al que denominó “Torear y otras maldades“.
La desventaja en el debate era muy clara, una señora que podrá ser muy inteligente contra un gigante del razonamiento como lo es el máximo exponente de las letras peruanas quien escribió: “Alguien tocó el tema y la señora que presidía la mesa y que, hasta entonces, parecía un modelo de gentileza, inteligencia y cultura, se transformó. Temblando de indignación, comenzó a despotricar contra quienes gozan en ese indecible espectáculo de puro salvajismo, la tortura y agonía de un pobre animal, supervivencia de atrocidades como las que enardecían a las multitudes en los circos romanos y las plazas medievales donde se quemaba a los herejes. Cuando yo le aseguré que la delicada langosta de la que ella estaba dando cuenta en esos mismos momentos y con evidente fruición había sido víctima, antes de llegar a su plato y a sus papilas gustativas, de un tratamiento infinitamente más cruel que un toro de lidia en una plaza y sin tener la más mínima posibilidad de desquitarse clavándole un picotazo al perverso cocinero, creí que la dama me iba a abofetear. Pero la buena crianza prevaleció sobre su ira y me pidió pruebas y explicaciones“.
Leo el escrito y veo enfrentándose a Mike -Vargas Llosa- Tyson versus una persona promedio de 65 kilos. El desenlace de esta batalla en las ideas, de antemano y sobre el ring “Piedra de Toque” no puede ser ganado por alguien que no sea Vargas Llosa, despotricar nos está permitido a los mortales comunes, no a las glorias de las letras como él.
No me gustan las corridas de toros, ni tampoco por eso me rasgo las vestiduras contra los que si las aprecian, pero para discutir este tema con Vargas Llosa tendría que ser una persona a su altura, quizá Saramago sea un buen contrincante y es alguien como el portugués quien deba argumentar porque no es correcto matar al toro de lidia de esta forma.
Los enfrentamientos verbales de grandes escritores contra personas comunes y corrientes, degradan a los primeros y enaltecen a los demás.












