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10 cosas que ocultan en USA las compañías de botanas

Leo con asombro como el pueblo norteamericano -y nosotros que aceptamos como excelente todo lo que proviene de allá- nos hemos ido ‘animalizando’ y consumimos porquería y media en alimentos dañinos disfrazados con envolturas atractivas:

1. Esto es ilegal en Canadá

Una hora después de comer unas papas fritas dietéticas de paquete —hechas con olestra, un sustituto de la grasa— Debra Jaliman, de 55 años, una dermatóloga de Manhattan, sintió calambres abdominales tan fuertes que tuvo que cancelar las citas con sus pacientes. Reacciones como esa explican por qué el Centro de la Ciencia para el Interés Público, una organización de defensa de los consumidores, sostiene que nadie debería comer olestra, y por qué Canadá y Estados Unidos la prohibieron. Pero es legal en EE.UU., y el consumidor la encuentra en alimentos como papas fritas de paquete con poca grasa o sin ella, galletitas y otros snacks. Procter & Gamble, que vende olestra bajo el nombre Olean, afirma que se han consumido 6,5 millones porciones de comida que contienen Olean desde 1996, el año en que la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) de EE.UU. la aprobó para su uso en ese país.

Olestra no es la única sustancia prohibida que los estadounidenses están consumiendo. La Hormona Recombinante de Crecimiento Bovino (o rBGH, que suele venderse como Posilac), una hormona sintética inyectada a las vacas para estimular la producción de leche, suele aparecer en muchos snacks basados en productos lácteos como el helado. No sucede en la Unión Europea y Canadá, donde fue prohibida debido a preocupaciones sobre sus efectos para la salud tanto de vacas como de humanos, como temores de que una hormona asociada con el cáncer puede estar más presente en las personas que beben leche tratada con rBGH (Eli Lilly, la compañía que fabrica Posilac, lo niega).

Mientras tanto, rBGH es un producto lucrativo en EE.UU.: una división de Eli Lilly compró Posilac por más de US$300 millones en 2008. Los estudios muestran que Posilac puede incrementar la producción de leche en las vacas en un 15% o más, lo que implica más leche para vender.

2. Agregamos insectos pulverizados a su snack.

Para el doctor James Baldwin, tratar a esta mujer de 27 años por shock anafiláctico fue fácil, pero descifrar qué causó la reacción fue un misterio. Varias pruebas después, Baldwin descubrió que la paciente tenía una rara alergia a algo que había comido: las carcasas de escarabajos molidos y hervidos, que se utilizan con frecuencia en estos snacks para crear esos preciosos matices de rojo, violeta y rosado en toda clase de alimentos, desde jugos de fruta hasta helados y caramelos. “Es un colorante común”, afirma Baldwin.

No, no encontrará la palabra “escarabajo” en ninguna parte de las etiquetas de la comida; en cambio, posiblemente vea la no tan atemorizante “carmín”, “ácido carmínico” o “extracto de cochinilla”. Y los restos de los escarabajos son un gran negocio. Perú, el mayor exportador mundial de cochinilla, produce casi 910 toneladas de este pigmento cada año, según Amy Butler Greenfeld, investigador Marshall en la Universidad de Oxford y autor de “Un rojo perfecto”, que examina la historia de la cochinilla. Los expertos afirman que esta industria creció en Perú alrededor de un 15% anual durante la última década, y a medida que aumenta la demanda de colores naturales en la industria, Greenfeld predice que la industria de la cochinilla se expandirá a la par.

3. ¿Fecha de vencimiento? No hay fecha de vencimiento

Todos hemos sonreído con la leyenda urbana de que una golosina seguirá fresca para siempre dentro de su envoltorio de plástico. Resulta que no es algo tan descabellado. La fecha de vencimiento de alimentos altamente procesados puede ser significativamente posterior a la fecha que aparece en el paquete, dice Karen Duester, presidente de Compañía de Consultoría sobre Alimentos, que asesora a empresas respecto a etiquetas para alimentos y regulaciones de la FDA. De hecho, si el producto está bien sellado, se mantiene lejos de la luz y tiene un bajo contenido de lácteos y grasa, podría durar años. Esto es particularmente cierto en el caso de snacks enlatados como las cerezas al marraschino.

Esas fechas que dicen “mejor antes de” son provistas voluntariamente por el fabricante, pero dado que los expertos dicen que esos productos se puede consumir después de su vencimiento: ¿por qué las ponen en el paquete? Alienta a los minoristas a reponer su inventario y a volver a ordenar el producto con más frecuencia, sostiene Duester. Además, una fecha de vencimiento cercana a 2015 no es exactamente atractiva para un consumidor.

4. Esa barra energética lo puede dejar exhausto

Los avisos de barras energéticas suelen presentar atletas muy en forma y, con nombres que evocan fortaleza, bienestar, y grandes lugares al aire libre, cultivan lo que los expertos en alimentación llaman “un halo saludable”. Estos mensajes parecen tener eco en entre los consumidores; se proyecta que el mercado de las barras energéticas y nutritivas crezca más del 27%, desde US$962 millones de ventas de 2003 hasta unos US$1.230 millones proyectados para 2013, según la firma de investigación de mercados Mintel.

Pero si lee la lista de ingredientes, verá que muchas barras energéticas populares comienzan a parecerse en forma sorprendente a las barras de golosinas comunes. Eso se debe a que las barras frecuentemente contienen ingredientes como jarabe de maíz con mucha fructosa, dextrosa y fructosa —todos azúcares— además de chocolate, galletas de arroz y caramelo. “Estas barras pueden ser dosis concentradas de azúcar”, señala Sean C. Lucan, de la Universidad de Medicina Albert Einstein. Le darán una explosión inmediata de energía —también conocida como un frenesí de azúcar— igual a la que le daría una barra de golosinas. Y después es probable que se sienta más cansado que antes de comer la barra, explica. (Y quizás coma otra barra de este tipo). Incluso en el caso de los atletas es posible que esas barras no les den más energía. Un estudio de 1998 realizado por la Universidad Estatal Ball descubrió que los bagels permiten obtener los mismos impulsos en el desempeño aeróbico que las barras energéticas.

5. Hay huesos de cerdo en su budín

La gelatina —así como muchas golosinas gomosas, malvaviscos, budines y caramelos masticables— suele estar hecha de piel, huesos y tendones de animales, normalmente vacas y cerdos. El fabricante muele estas partes de los animales, las trata con un ácido fuerte durante unos días para ayudar a eliminar el colágeno, y luego hierve la mezcla. Entonces, raspa la gelatina, que sube hasta la parte superior de esta mezcla hirviente, en los contenedores. Un usuario importante, Kraft, vende 300 millones de cajas del postre de gelatina Jell-O en EE.UU. todos los años y ofrece 158 productos con esa marca.

Pero las etiquetas de estos productos no le hacen saber a la gente que hay partes de animales en esos movedizos snacks. Para todas las personas que no consumen carne o productos derivados de los animales o que coman comida kosher, eso es un problema. La estudiante de 24 años Heather Bahler no se enteró de que había carne en la gelatina hasta un año después de haberse transformado en vegetariana. “Cuando me enteré, estaba un poco enojada”, afirma. E cuando los vegetarianos se enteran de que la gelatina contiene carne, aún puede ser muy difícil evitarla. “Hasta hoy la encuentro en lugares en los que nunca hubiese soñado”, señala Michael Garnett, un profesional de las tecnologías de la información de 37 años, que es vegetariano hace 12 años.

6. “Natural” naturalmente no significa nada

El Departamento de Agricultura de EE.UU., que regula la carne bovina y de ave, define a los productos naturales como aquellos que no tienen ni colores ni ingredientes artificiales. Pero la FDA, que regula otros tipos de alimentos, no hace un seguimiento tan cercano del uso que hacen de esta palabra los fabricantes de los snacks. “(La palabra) natural básicamente no tiene ningún significado en las etiquetas de la comida”, sostiene Lucan. A menudo verá el término “sabor natural” en su paquete de snacks, que, paradójicamente, no significa exactamente “de la naturaleza”. Es más probable que deriven de químicos producidos en laboratorios de sabor, sostiene Lucan. “Aunque los mismos componentes químicos se pueden encontrar en la naturaleza, los que terminan en su comida vienen de una planta química, no de una planta viviente”, advierte.

Pero la palabra “natural” vende, especialmente dado que en estos días los consumidores están más dispuestos a pagar más dinero por alimentos que consideran más saludables, y Lucan afirma que muchos son engañados. Por ejemplo, un popular servicio en línea de entrega de productos de almacén vende una bolsa de 227 gramos de los bollos “Cheetos de Queso Blanco Natural Cheddar”, que contienen ingredientes como ácido cítrico y maltodextrina, por US$4,19, un 55% más que lo que cuesta una bolsa de 255 gramos de los Cheetos comunes (US$2,69), que contiene una lista de ingredientes similar (ambos contienen maíz, aceite de girasol, ácido cítrico, maltodextrina, queso cheddar, sal, suero y más).

7. Estamos gastando miles de millones de dólares para engordar a los niños

Christen Cooper, de 38 años, quedó en shock cuando su hijo, entonces de 2 años, señaló el logo de Dunkin Donuts y lo llamó por su nombre. Dietista registrado y fundador de Cooper Nutrition, una firma de asesoramiento en nutrición de Pleasantville, estado de Nueva York, Cooper dice que habla con su hijo sobre alimentación saludable y limita la televisión, pero los mensajes de los anunciantes de comida chatarra se infiltran de todos modos.

“Pide pastillas de fruta y cereales azucarados”, afirma. “Aprende mucho de eso de la televisión”, agregó. Su hijo, ahora de 7 años, es como muchos niños a los que apuntan los avisadores: quiere comidas que tengan a personajes como Shrek en sus paquetes.

Los mensajes de los fabricantes de alimentos snacks a los niños son omnipresentes y efectivos, incluso si no resulta tan obvio para su padres. La industria de alimentos y bebidas en EE.UU. gasta entre US$10.000 millones y US$12.000 millones por año —o más de US$1 millón por hora— en publicidad para niños y jóvenes, según Berkeley Media Studies Group, una organización de defensa de la salud pública que es una subsidiaria del Instituto Público para la Salud. Y los snacks empaquetados, la comida rápida y los dulces representan el 83% de los alimentos que se promocionan durante los programas de televisión más vistos por los niños, según un estudio realizado en 2005 publicado en el American Journal of Public Health.

8. Nuestras fábricas están sucias

¿Una rata seca asada en su manteca de maní? Eso es lo que dice haber visto un soplón que trabajaba para Peanut Corporation of America, una prominente fábrica de ese producto en Blakely, estado de Georgia, EE.UU., que provee a compañías como Kellogg. Afirma que vio la rata —además de cucarachas— asándose en contenedores de maní en la planta, que fue objeto de una investigación criminal después de una epidemia de salmonella en 2009 que según los expertos mató al menos a ocho personas. Los investigadores no encontraron ratas cuando visitaron la planta, pero sí algunas violaciones importantes a las normas sanitarias, incluyendo cucarachas, agujeros en el techo que permitían que entrara lluvia, trapos que se lavaban en la misma pileta que el equipo de producción, y moho.

Cada año, más de 300.000 estadounidenses son hospitalizados y 5.000 mueren debido a alimentos y bebidas contaminados, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos. Y parte de estos incidentes son resultado de condiciones no higiénicas en las plantas de procesamiento de alimentos.

Y estos son solo los casos de los que sabemos. De las 51.229 plantas de procesamiento y producción de alimentos reguladas por la FDA, el 56% no ha sido inspeccionado en los últimos cinco años, según un informe de este año del inspector general del Departamento de Salud y Servicios Humanos. Y la cantidad de inspecciones en instalaciones alimentarias llamadas “de alto riesgo” (las que producen alimentos que nos pueden enfermar con más probabilidad) bajó de 77% en 2004 a 63% en 2008. El porcentaje cayó del 29 al 16% en las plantas de bebidas gaseosas y bebidas, del 41% al 24% en las de productos de panadería, y del 32% al 12% en las de chocolates y derivados.

9. Su hábito de comprar barras dulces nos está haciendo ricos y enfureciendo a los minoristas

Los precios de las golosinas de chocolate se han disparado en la última década. El índice de precios del productor, que mide los precios que reciben los productores de chocolate por sus productos, aumentó más del 40% entre 2000 y 2009. (Las categorías de galletitas dulces y saladas y los productos relacionados, junto con el helado y los postres helados subieron solamente 24%). No es sorprendente que las ventas totales de la industria del chocolate también hayan aumentado, de US$13.400 millones en 2002 a alrededor de US$17.700 millones en 2009, según la firma de investigación de mercado Mintel.

Los productores sostienen que el incremento de los precios refleja el alza del cacao o el azúcar. Los dueños de las tiendas de comestibles y otros minoristas dicen que ocurre algo más: la cooperación ilegal entre los fabricantes. Desde 2008, decenas de cadenas de comercios de comestibles y minoristas como Kroger, Safeway, Giant Eagle, Walgreen, SuperValu, Publix y CVS han presentado demandas en las que sostienen que las grandes compañías chocolateras —Hershey, Mars, Nestlé y Cadbury Schweppes, que juntas controlan más del 75% del mercado de las golosinas de chocolate— se han puesto de acuerdo para mantener los precios altos desde 2002. En la demanda de Giant Eagle, por ejemplo, la compañía declaró que Hershey, Nestlé y Mars, se pusieron de acuerdo en una “conspiración”, que implicaba que subían los precios en coordinación. (Indicaron que el 23 de diciembre de 2004, Hershey subió un 16,7% los precios que le cobraba a Giant Eagle, luego Nestlé los aumentó un 17,04% el 12 de enero de 2005, y luego Mars las imitó con un 15,6% de aumento el 6 de marzo de 2005). Es “extremadamente raro” que las cadenas de comestibles presenten este tipo de demandas porque es extremadamente importante para el futuro de su negocio mantener buenas relaciones con los proveedores de un producto popular —como el chocolate—, según Jim Hertel, socio de la empresa de consultoría para minoristas del sector de la alimentación Willard Bishop.

10. Cuando decimos “enriquecido” decimos procesado

Los alimentos snack como los pretzels, las galletas y las rosquillas suelen promocionar que tienen como ingrediente harina de trigo enriquecida, como si fuera algo bueno. No exactamente. “Enriquecido” quiere decir que se agregaron vitaminas y minerales a la comida, pero usualmente sólo después de haber sido retirados previamente. Los fabricantes primero quitan algunas vitaminas y minerales a través de un proceso de refinación y después reintegran algunos de los nutrientes que habían sido quitados. “El enriquecimiento en realidad debería ser llamado ‘restauración parcial'”, señala Michael F. Jacobson, director ejecutivo del Centro de la Ciencia para el Interés Público, una organización de defensa de los consumidores que investiga y educa al público respecto a temas de salud y nutrición. Y aunque el proceso de enriquecimiento agrega nutrientes como tiamina, niacina, hierro y riboflavina, no siempre los reintegra en las mismas cantidades y también puede quitar una buena cantidad de fibra, explica Jacobson.

Tomado de The Wall Street Journal.


1 comentario so far
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Vaya!!! Cuantas porquerías nos comemos y lo peor es lo poco que les importa. La industria de alimentos es sólo eso: Una industria, un negocio, donde la salud y la calidad es lo que menos les interesa.

Comentario por Sandra




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